domingo, 15 de abril de 2012

TALLERES, CLASES, SEMINARIOS





TALLER LITERARIO
poesía – narrativa – ensayo
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TALLER DE LECTURA
poetas argentinos del siglo XX
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CLASES Y SEMINARIOS
clases de redacción periodística
clases de lengua y literatura
clases de latín y cultura latina
clases de semiología y análisis del discurso
clases de lógica, epistemología y filosofía
clases de pensamiento científico
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CORRECCIÓN DE ESTILO
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Técnicas de estudio
Comprensión de textos
Ayuda para redactar artículos, monografías, etc
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Lidia Rocha
TEL. 4983-1924




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jueves, 14 de julio de 2011

Orgullo y prejuicio





***Un clásico de Jane Austen, escritora inglesa que vivió entre 1775 y 1817, en el periodo histórico conocido como “Época de la Regencia”, cuando el príncipe de Gales ocupó el trono en lugar de su padre, Jorge III. Las clases pudientes británicas disfrutaban por entonces de los lujos y placeres que les proporcionaron la Revolución Industrial y la política imperialista.
***Las novelas de Austen retratan la sociedad de su época, con marcadas divisiones de clases, en las que el lugar más alto esta ocupado por la aristocracia terrateniente, a la cual pertenecen, en ***Orgullo y prejuicio, las familias Bourgh, Darcy y Bingley. Los miembros de la clase media sólo podían ascender cuando heredaban tierras o rentas de algún pariente acomodado, y por medio de un casamiento provechoso. A las mujeres de esa clase social -retratadas en la novela por la familia de la protagonista, Elizabeth Bennet y su amiga Charlotte Lucas- no les estaba permitido trabajar ni heredar los bienes de sus padres, que iban a parar a manos de un pariente varón, a veces muy lejano. Los hombres tenían podían avanzar en status y recursos si se dedicaban, por ejemplo, a los negocios o las leyes, y también si ingresaban a la carrera militar o a la iglesia.
***La tensión entre clases y entre géneros atraviesa la novela, y la autora las manifiesta con el conocimiento profundo y la ironía, de una mujer inteligente que las ha padecido en carne propia. Collins es el pariente lejano que heredará los bienes de los Bennet y, además, ha consolidado su posición al obtener un puesto en la Iglesia. El tío de Elizabeth se ha acomodado por su trabajo en el área jurídica. Wickham obtiene sus fondos del ejército, y de los servicios que ha prestado a la familia Darcy.
***Consciente de estas diferencias, Fitwilliam Darcy ofende a Elizabeth la primera vez que le ofrece casamiento, al referirse despectivamente a la familia Bennet. Finalmente logrará redimirse cuando evita que Lidia, la hermana de Elizabeth, sea “deshonrada” por Wickham con una unión fuera del matrimonio y al lograr que su amigo Bingley regrese junto a Jane, la mayor y más hermosa de las Bennet. Charlotte Lucas, la amiga de Elizabeth, se conforma con un matrimonio despreciable para Elizabeth pero ventajoso para ella, con Collins. Mary, la “fea” de la familia permanecerá junto a los padres y Cathy se quedará junto a sus hermanas mayores.
***La dedicación a la escritura no era común entre las mujeres. Jane Austen era hija del rector de una parroquia, aunque su madre perteneciera a una familia aristocrática. Su trabajo intelectual permaneció en el ámbito hogareño, en el que se había formado y donde permaneció, al igual que su hermana. Las costumbres y las escasas rentas que obtuvo por sus exitosas obras (que publicó ocultando su identidad) no le permitieron vivir de manera independiente.
Jane murió muy joven, a los 42 años. Escribió, además de Orgullo y prejuicio, Sensación y sentimientos, El parque Mansfield y Emma. Tras su muerte, aparecieron Persuasión y La abadía de Northanger.
***La última versión cinematográfica de Orgullo y prejuicio fue protagonizada por Keira Knightley, en el rol de Elizabeth Bennet.

miércoles, 8 de junio de 2011

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Nat King Cole cantaba South ofthe Border. Nat King Cole se refería a México, claro. Pero yo entonces no lo sabía. Las palabras «Al sur de la frontera» me sonaban enigmáticas. Cada vez que las oía, me preguntaba qué diablos debía de haber allí, al sur de la frontera. Abrí los ojos. Shimamoto todavía estaba moviendo los dedos por encima de la falda. Y sentí un dolor dulce, casi imperceptible, en las entrañas.
(…)
—De pequeño, cuando oía esta canción, siempre me preguntaba qué debía de haber al sur de la frontera —dije. —Yo también —coincidió Shimamoto—. De mayor, cuando leí la letra de la canción, me llevé una desilusión. ¡Sólo era una canción sobre México! Yo que pensaba que al sur de la frontera debía de haber algo maravilloso. —¿Como qué? Shimamoto se echó el pelo para atrás con las manos y se lo recogió. —Pues no lo sé. Algo muy hermoso, grande, suave. —Algo muy hermoso, grande, suave —repetí—. ¿Se puede comer? Shimamoto se rió. Pude entrever sus dientes blancos. —Quizá no. —¿Se puede tocar? —Quizá sí. —Me parece que hay demasiados quizás —dije. —Aquél es un país con muchos quizás.
Desde aquel vuelo, de Ishikawa a Tokio. Cuando le toqué los dedos, ella alzó un poco la cabeza y me miró. Luego volvió a bajar los ojos. —El sur de la frontera, el oeste del sol —dijo. —¿Qué es eso de «el oeste del sol»? —Existe de verdad —dijo—. ¿No has oído hablar de la histeria siberiana? —No. —Lo leí en alguna parte hace tiempo. Creo que cuando iba al instituto. No logro recordar dónde, pero, en fin, era una enfermedad que sufrían los campesinos de Siberia. Imagínatelo: eres un campesino y vives solo en los páramos de Siberia. Trabajas la tierra un día tras otro. A tu alrededor, hasta donde alcanza la vista, no hay nada. El horizonte al norte; el horizonte al este; el horizonte al sur; el horizonte al oeste. Nada más. Todos los días, cuando el sol sube por el este, vas al campo a trabajar. Cuando alcanza el cénit, descansas y comes. Cuando se oculta tras el horizonte, al oeste, vuelves a casa y duermes. —Una vida muy distinta a la de llevar un bar en Aoyama. —Sí —dijo ella sonriendo. Y ladeó un poco la cabeza—. Muy distinta. Y eso, día tras día, año tras año. —Pero, en Siberia, en invierno, no se pueden cultivar los campos. —No, claro —dijo Shimamoto—. Durante el invierno te quedas en casa trabajando en cosas que puedas hacer en el interior. Y, al llegar la primavera, vuelves a salir al campo. Tú eres ese campesino. Imagínatelo. —De acuerdo. —Y entonces, un día, algo muere dentro de ti. —¿Algo muere? ¿El qué? Ella negó con la cabeza. —No lo sé. Algo. A fuerza de mirar, día tras día, cómo el sol se eleva por el este, cruza el cielo y se hunde por el oeste, algo, dentro de ti, se quiebra y muere. Y tú arrojas el arado al suelo y, con la mente en blanco, emprendes el camino hacia el oeste. Hacia el oeste del sol. Y sigues andando como un poseso, día tras día, sin comer ni beber, hasta que te derrumbas y mueres. Esto es lo que se llama histeria siberiana. Intenté representarme la imagen de un campesino siberiano caído de bruces en el suelo, agonizando. —¿Qué hay al oeste del sol? —pregunté. Ella volvió a negar con la cabeza. —No lo sé. Tal vez no haya nada. O tal vez sí. En todo caso, es un lugar distinto al que está al sur de la frontera.
(…)
Shimamoto era, ahora, una chica de dieciséis años, estaba en un jardín, ante los girasoles, sonriendo con incomodidad. —No debí haber ido a verte. Lo sabía desde el principio. Podía imaginar lo que pasaría. Pero no pude contenerme. ¡Deseaba tanto verte! Y, una vez ante ti, no pude evitar dirigirte la palabra. ¿Sabes, Hajime?, así soy yo. No es que quiera, pero siempre acabo estropeándolo todo. «Jamás volveré a verla», pensé. «Ella ya sólo existe en mis recuerdos. Se ha ido de mi lado. Estaba aquí, pero ha desaparecido. Y allí no hay término medio. Donde no hay lugar para el compromiso no puede haber un término medio. Los "quizá" tal vez existan al sur de la frontera. No al oeste del sol

Fragmentos de la novela de Haruki Murakami, de Al sur de la frontera, al oeste el sol

Esa belleza

"El deseo sexual, si es recíproco, origina un complot de dos personas que hacen frente al resto de los complots que hay en el mundo. Es una conspiración de dos.
El plan es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo. No la felicidad sino un descanso físico ante la enorme responsabilidad de los cuerpos hacia el dolor.
En todo deseo hay tanta compasión como apetito. Sea cual sea la proporción, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo.
El cuerpo humano realiza proezas, posee gracia, picardía, dignidad y otras muchas capacidades, pero también resulta intrínsecamente trágico como no lo es ningún cuerpo de animal (ningún animal está desnudo).
El deseo anhela proteger al cuerpo amado de la tragedia que encarna y, lo que es más, se cree capaz. La conspiración consiste en crear juntos un espacio, un lugar de exención, necesariamente temporal, de la herida incurable de la que es depositaria la carne. Ese lugar es el interior del otro cuerpo. La conspiración consiste en deslizarse al interior del otro, allí donde no se les pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites. (hablar de "volver al útero" es una vulgar simplificación).
Tocar una pierna con mano de amante. Que sea para excitar o para relajar no supone diferencia alguna. El tacto aspira a alcanzar, más allá del fémur, la tibia o el peroné, el propio corazón de la pierna, y el amante completo espera acompañar ese gesto y habitar en él. No hay altruismo en el deseo. Al principio están implicados dos cuerpos y la exención, siempre y cuando se logre, los protege a ambos. La exención es inevitablemente breve, y sin embargo, lo promete todo. La exención suprime la brevedad y con ella las penas asociadas a la angustia de lo efímero.
Ante la mirada de una tercera persona, el deseo es un breve paréntesis. Desde dentro, una inmanencia y una entrada en la plenitud. Normalmente la plenitud se considera una acumulación. El deseo revela que es un despojamiento: la plenitud de un silencio, de una oscuridad."
John Berger, de “Esa belleza”

martes, 7 de junio de 2011

Sputnik, mi amor





En la vida de las personas hay una cosa especial que sólo puede tenerse en una época especial. Es como una pequeña llama. Las personas precavidas y con suerte la preservan con todo cuidado, la hacen crecer, la llevan como una antorcha que ilumina sus vidas. Pero, una vez que se pierde, esa llama no puede volver a recuperarse jamás. (…)
"¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas. Busqué en él la luz de los satélites. Pero aún había demasiada claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada una en su lugar, como clavadas en el cielo. Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa." —
Haruki Murakami Sputnik, mi amor, Tusquets, Buenos Aires, 2010, pp. 208-210

miércoles, 14 de julio de 2010

William Butler Yeats



William Butler Yeats es un poeta irlandés, nacido en 1865. A lo largo de su vida, su poesía fue girando desde el apego al amor romántico, los antiguos mitos celtas y los ritmos tradicionales a los modos expresivos del Modernismo y a una exploración de la vida moderna.
El término “Modernismo” para la literatura inglesa se refiere a la poesía producida a principios del siglo XX, relacionada con las búsquedas de las vanguardias de la época: palabras llamativas, imágenes, lenguaje cotidiano, frases sugerentes, símbolos, fragmentación, abordaje de temas antes considerados “tabú”, etc.

Uno de sus poemas más famosos es “El segundo advenimiento”, que podría traducirse más o menos así:


Girando y girando en espiral creciente
el halcón no puede oír al halconero;
todo se derrumba, el centro no se sostiene;
la pura anarquía se desata sobre el mundo,
la marea turbia de sangre se desata y en todas partes
la ceremonia de la inocencia se ahoga;
los mejores carecen de convicciones, y los peores
están llenos de apasionada intensidad.

Seguramente alguna revelación está próxima;
seguramente el Segundo Advenimiento está próximo.
El Segundo Advenimiento! Apenas pronunciadas esas palabras
una enorme imagen emanada del Spiritus Mundi
empaña mi visión: en algún lugar en las arenas del desierto
una figura con cuerpo de león y cabeza de hombre,
una mirada vacía y despiadada como el sol,
mueve sus lentos muslos, mientras alrededor
se tambalean las sombras de los indignadas pájaros del desierto.
La oscuridad cae de nuevo; pero ahora sé
que veinte siglos de sueño de piedra
fueron perturbados hasta la pesadilla por una cuna que se mece,
¿y qué bestia áspera, llegada su hora al fin
se arrastra hacia Belén para nacer?


En su versión original:

The Second Coming by William Butler Yeats
Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: somewhere in sands of the desert
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Reel shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again; but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?


Aunque el sentido religioso del poema salta a la vista, desde que pone de relieve al final el poder de la cuna que se mece y se menciona a Belén como lugar de nacimiento, no es un texto de lectura sencilla.
La sensación de un mundo en descomposición física y espiritual se ajusta a la época en que fue escrito: la etapa entre dos guerras mundiales.
El poema no carece de símbolos. Por ejemplo, la palabra “gyre” en el verso ”Turning and turning in the widening gyre” (girando y girando en espiral creciente) ha sido incluida por Yeats en su libro “Una visión”, donde el autor divulga las revelaciones espirituales que ha recibido. La “hélice” dibujada por Yeats representa una etapa en el desarrollo de la historia y del individuo caracterizado por movimientos opuestos: cada hélice gira dentro de la otra de modo que la parte más ancha del cono ocupa el mismo plano que la parte más delgada del otro y viceversa.
El advenimiento que amenaza en el poema es el de una fuerza oscura y peligrosa, quizás el Anticristo que precede el segundo Advenimiento de Jesús en el Libro de las Revelaciones.
La imagen de la “bestia” recuerda a las esfinges egipcias así como las arenas del desierto de las cuales procede. La piedra cobra vida, el monstruo despierta de su sueño.
Algunas interpretaciones identifican a la bestia con el comunismo que había triunfado en Rusia en 1917 y que se difundía entre los trabajadores del mundo, en el cual el Cristianismo veía una amenaza.
Por sus potentes imágenes, su simbolismo, el contenido apocalíptico propio de su época, el poema fue valorado como uno de los más potentes de la primera mitad del siglo XX.

viernes, 16 de abril de 2010

¿Que es una obra de arte?

Algunas reflexiones de Hans Robert Jauss respecto a la experiencia estética ponen énfasis en su capacidad de transgredir el horizonte de expectativas de los lectores. Jauss diferencia las obras con valor artístico de aquéllas que sólo proporcionan entretenimiento. Las obras de arte, afirma, son capaces de modificar el horizonte de expectativa de los receptores. Así, la obra literaria tiene valor artístico si existe una profunda distancia estética entre el horizonte de expectativa de sus primeros lectores (de los lectores de la época en que se publica por primera vez) y las propuestas de la obra: “En la medida en que esta distancia disminuye y a la conciencia del lector no se le exige volverse hacia el horizonte de una experiencia aún desconocida, la obra se aproxima a la esfera del arte ´culinario´ o de entretenimiento […] que no requiere ningún cambio de horizonte sino unas expectativas que son indicadas e incluso cumplidas por una predominante tendencia del gusto, que satisface el deseo de reproducción de lo bello habitual, corroborando sentimientos familiares, sancionando deseos, permitiendo gozar de experiencias no corrientes a modo de algo ´sensacional´ o también planteando problemas morales sólo para ´resolverlos´ en sentido edificante como cuestiones ya previamente solventadas[1].
*
Philippe Sollers asegura que un escritor puede, él sólo, transformar las categorías de la racionalidad en la legua, es decir, pasar por “loco”, transformar las relaciones sociales, el sentido y la simbolización. La literatura, dice, o es interrogación del saber o no es nada. En coincidencia, para Remo Cesarini la eficacia de un texto depende de sus mecanismos, de la complejidad de su semántica, de su capacidad de representar de modo crítico e inquietante la realidad; los textos de escaso valor sólo logran trasmitir significados consumados por la repetición y por el uso, falsificados por la ideología que tocan de manera superficial el imaginario con el único objetivo de entretener y consolar con imágenes, ideas y deseos repetidos
[2].
*
Los textos que reproducen valores generalizados, que buscan generar armonía respecto a estos valores, que no presentan dificultades a la recepción no pueden –subraya, por su parte, Jan Mukarovsky- ser considerados propiamente artísticos
[3].

Al modificar el horizonte de expectativas de los lectores, agrega Jauss la obra de arte logra también modificar el comportamiento de los individuos y, por ende, a la sociedad: “La función social de la literatura sólo se hace manifiesta en su genuina posibilidad allí donde la práctica literaria del lector entra en el horizonte de expectativas de la práctica de su vida, preforma experiencia su comprensión del mundo y con ello repercute también en sus formas de comportamiento social.”
[4]. El valor de un texto está dado por la confrontación con la historia de nuestra vida, es decir, de la vida del lector que está “escribiendo” su propia vida.
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[1] Jauss, Hans Robert, La jouissance esthétique. La historia de la literatura como provocación de la ciencia literaria, Barcelona, Península, 1976, p. 175.
[2] En: Bombini, Gustavo, Literatura y Educación. Bs. As. Centro Editor de América Latina, 1992.
[3] Mukarovsky, Jan "El arte como hecho semiológico", En: Escritos de estética y semiótica del Arte (1934-1935), Barcelona, Gustavo Gili, 1977.
[4] Jauss, Hans Robert, La jouissance esthétique. La historia de la literatura como provocación de la ciencia literaria, Barcelona, Península, 1976, p. 175 y 201.